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Las operaciones llevadas a cabo por Leeson, que había sido felicitado y recompensado por otras actividades realizadas con anterioridad, dejaron tan en precario a su entidad que, finalmente, el Baring tuvo que ser vendido simbólicamente por una libra esterlina al banco holandés ING. Hubo explicación para tal desastre, porque Leeson confesó que realizó tan arriesgada apuesta para ayudar a unos compañeros que habían generado pérdidas y la operación se convirtió en una bola de nieve que se llevó por delante todos los recursos y reservas con los que contaba Baring.

Más recientemente, Jerome Kerviel, un broker del banco francés Société Générale, produjo pérdidas a su entidad por un total de 4.900 millones de euros. En declaraciones aTFl después de su detención, Kerviel señaló que sus posiciones, que finalmente provocaron tal quebranto, nunca fueron un secreto en el banco. La mayoría de sus compañeros con los que compartía la gran sala de operaciones sabían que algunos días tomaba posiciones de riesgo de hasta 10 millones de euros. Kerviel llegó a mostrar los importantes resultados obtenidos en los años 2005, 2006 y 2007 y añadió que, con frecuencia, fue felicitado por sus beneficios, pero señaló que no recibió respuesta de sus superiores cuando les advirtió que había acumulado en algunas operaciones pérdidas por valor de 90 millones de euros. Nadie le ordenó que las detuviera. Sin embargo, dejó constancia de que sus superiores le fijaban unos límites de beneficios superiores de un año a otro. No resulta muy sorprendente que este arriesgado intermediario francés apenas se beneficiara de las operaciones realizadas. Sólo a mediados de 2007 consiguió el estatus de operador oficial en su entidad, tras haber logrado importantes beneficios para el banco. A partir de ese momento es comprensible que aumentara su libertad de acción y que sus superiores se desentendieran de sus operaciones que tanto beneficio les aportaban personalmente.


Gracias a la existencia de los derivados y a su utilización para especular y conseguir beneficios a corto plazo, ingentes cantidades de dinero se movilizan en los últimos tiempos apostando por un encarecimiento del trigo, el arroz, el petróleo, las Bolsas o el dólar, justo cuando están bajando. De lo que se trata, finalmente, es de hacer cambiar la tendencia de los precios de esos mercados o materias primas con la seguridad de que cada dólar de subida le proporcionaría millones de dólares de beneficios. Y para que resulte más fácil esta apuesta, los productos derivados tienen una particularidad: por cada 1.000 euros invertidos en este tipo de mercado sólo hace falta depositar de 200 a 300 euros en la entidad en la que se opera. Sin embargo, la rentabilidad obtenida es la misma que si se hubieran invertido los 1.000 euros.

Puestos a buscar negocio, bancos y cajas han comercializado también los arriesgados derivados entre sus clientes más modestos, aquellos que tienen necesidad de un crédito hipotecario. Y lo han hecho, como suelen hacerlo algunas veces: vendiendo el producto de forma poco transparente y a un perfil de cliente inadecuado. Se trata de unos derivados (swaps, clip, bono-clip, permuta financiera) que algunas entidades financieras han vendido a propietarios de hipotecas como si se tratara de un seguro. Este producto derivado, que no es un seguro, impedía que la hipoteca se incrementara como consecuencia de la subida de los tipos de interés y, más concretamente, del índice de referencia con el que se actualiza ese crédito variable, a cambio del pago de una prima. El mecanismo era muy fácil: si subía el precio del dinero, el incremento de la hipoteca se compensaba con la ganancia obtenida por la apuesta realizada por tal subida. Y así fue cuando los tipos de interés se mantenían al alza. ¿Y qué pasa si los tipos bajan y, además, lo hacen de manera espectacular como en los primeros meses del 2009? Pues si los tipos de interés descienden, se pierde la apuesta y entonces es necesario pagar una prima de cobertura tanto mayor, en muchos casos, cuanto más bajen los tipos. En cualquier caso, esa prima de cobertura suele ser superior a la caída de la hipoteca. Como consecuencia de ello, muchas familias españolas vieron aumentar el coste de Más recientemente, Jerome Kerviel, un broker del banco francés Société Générale, produjo pérdidas a su entidad por un total de 4.900 millones de euros. En declaraciones a TF1 después de su detención, Kerviel señaló que sus posiciones, que finalmente provocaron tal quebranto, nunca fueron un secreto en el banco. La mayoría de sus compañeros con los que compartía la gran sala de operaciones sabían que algunos días tomaba posiciones de riesgo de hasta 10 millones de euros. Kerviel llegó a mostrar los importantes resultados obtenidos en los años 2005, 2006 y 2007 y añadió que, con frecuencia, fue felicitado por sus beneficios, pero señaló que no recibió respuesta de sus superiores cuando les advirtió que había acumulado en algunas operaciones pérdidas por valor de 90 millones de euros. Nadie le ordenó que las detuviera. Sin embargo, dejó constancia de que sus superiores le fijaban unos límites de beneficios superiores de un año a otro. No resulta muy sorprendente que este arriesgado intermediario francés apenas se beneficiara de las operaciones realizadas. Sólo a mediados de 2007 consiguió el estatus de operador oficial en su entidad, tras haber logrado importantes beneficios para el banco. A partir de ese momento es comprensible que aumentara su libertad de acción y que sus superiores se desentendieran de sus operaciones que tanto beneficio les aportaban personalmente.


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