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Gracias a la existencia de los derivados y a su utilización para especular y conseguir beneficios a corto plazo, ingentes cantidades de dinero se movilizan en los últimos tiempos apostando por un encarecimiento del trigo, el arroz, el petróleo, las Bolsas o el dólar, justo cuando están bajando. De lo que se trata, finalmente, es de hacer cambiar la tendencia de los precios de esos mercados o materias primas con la seguridad de que cada
dólar de subida le proporcionaría millones de dólares de beneficios. Y para que resulte más fácil esta apuesta, los productos derivados tienen una particularidad: por cada 1.000 euros invertidos en este tipo de mercado sólo hace falta depositar de 200 a 300 euros en la entidad en la que se opera. Sin embargo, la rentabilidad obtenida es la misma que si se hubieran invertido los 1.000 euros.



Puestos a buscar negocio, bancos y cajas han comercializado también los arriesgados derivados entre sus clientes más modestos, aquellos que tienen necesidad de un crédito hipotecario. Y lo han hecho, como suelen hacerlo algunas veces: vendiendo el producto de forma poco transparente y a un perfil de cliente inadecuado. Se trata de unos derivados (swaps, clip, bono-clip, permuta financiera) que algunas entidades financieras han vendido a propietarios de hipotecas como si se tratara de un seguro. Este producto derivado, que no es un seguro, impedía que la hipoteca se incrementara como consecuencia de la subida de los tipos de interés y, más concretamente, del índice de referencia con el que se actualiza ese crédito variable, a cambio del pago de una prima. El mecanismo era muy fácil: si subía el precio del dinero, el incremento de la hipoteca se compensaba con la ganancia obtenida por la apuesta realizada por tal subida. Y así fue cuando los tipos de interés se mantenían al alza. ¿Y qué pasa si los tipos bajan y, además, lo hacen de manera espectacular como en los primeros meses del 2009? Pues si los tipos de interés descienden, se pierde la apuesta y entonces es necesario pagar una prima de cobertura tanto mayor, en muchos casos, cuanto más bajen los tipos. En cualquier caso, esa prima de cobertura suele ser superior a la caída de la hipoteca. Como consecuencia de ello, muchas familias españolas vieron aumentar el coste de su hipoteca precisamente en el periodo en el que el precio del dinero y todos los índices de referencia, entre ellos el euribor, caían a los niveles más bajos. De nuevo las entidades financieras recurrieron a vender un producto de mucho riesgo entre su clientela más conservadora, aquella que no podía soportar las subidas y bajadas del precio del dinero. Pudieron recomendarles hipotecas a tipo fijo, ciertamente poco atractivas en los últimos tiempos, pero mucho más adecuadas en estos casos. Ese tipo de derivados, que comenzó a comercializarse a mediados del 2008 entre los clientes de hipotecas, era utilizado hasta entonces por los equipos de tesorería de las empresas. Colocarlos entre el gran público... fue una temeridad.


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